El sindicato HUSTE denuncia el grave perjuicio que supone para la educación pública el nuevo recorte en las plantillas de los centros públicos confirmado en la Mesa Sectorial de Educación.

En la mesa sectorial de educación celebrada el día 10 de febrero de 2015 se volvió a poner de manifiesto el profundo desencuentro entre la Administración y los sindicatos que en bloque se negaron a entrar en la negociación de plantillas.

El resultado final de la revisión unilateral que realizó la Administración sobre su propia propuesta dejó un saldo de 47 supresiones que sumadas a las de los dos últimos años hace un total de 469 supresiones de plazas de docentes en los centros educativos de Aragón.

Entrar en esta negociación era jugar con cartas marcadas ya que los criterios de confección de plantillas fueron un año más, impuestos por la Administración, a la que desde luego se le recordó que fue esa falta de negociación la que hizo que la normativa de plantillas del curso pasado se encuentre actualmente en los tribunales.

El proceso de precarización de las condiciones laborales de los docentes y descomposición de la educación pública sigue el ritmo impuesto por esta administración que pese a gritar a viva voz que la situación económica mejora aplica recorte sobre recorte en el conjunto de servicios públicos y desde luego en la educación.

A los recortes evidentes en las plantillas orgánicas de los centros hay que sumarles otros recortes no tan evidentes que acaban dando el mismo resultado: Estamos hablando de esas vacantes reconocidas en las plantillas que después por diversos motivos, algunos de lo más peregrinos y otros absolutamente desconocidos, nunca son asignadas a funcionarios de carrera, quedando generalmente cubiertas en su totalidad (o en muchas ocasiones sólo parcialmente) por funcionarios interinos. Por no hablar de esas supresiones derivadas de los posteriores procesos de escolarización que dan como resultados docentes suprimidos  y desplazados que acaban en supresiones de plazas.

La ideología que subyace detrás de estos actos no puede ser otra que la lenta y progresiva destrucción  de la enseñanza pública que permita “abrir el mercado” a otras opciones que por esta vía se van haciendo más interesantes. Nunca deberíamos permitir el mercadeo con los servicios públicos ni permitir que deje de ser un derecho aquello que es de justicia. Por eso HUSTE siempre apostará por una escuela pública, laica, igualitaria y de calidad.

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